Transitar la adolescencia: la búsqueda de identidad.

Según el autor Erik Erikson, la adolescencia es la etapa del desarrollo marcada por el conflicto entre identidad y confusión de roles. Se trata del periodo en el que la persona se enfrenta al desafío de construir quién es, diferenciándose de los demás. Es un momento en el que surgen preguntas como quién soy, qué lugar ocupo o hacia dónde quiero ir. Este proceso influirá en la forma de relacionarse, tomar decisiones y construir un proyecto vital propio.

Durante esta etapa se producen cambios biológicos evidentes, pero también transformaciones cognitivas y emocionales. El pensamiento se vuelve más abstracto, aumenta la capacidad de reflexión y aparece una comparación constante con el grupo de iguales, que pasa a actuar como referente. En este contexto, es habitual que los adolescentes se cuestionen cosas tales como su identidad personal, social y vocacional.

Desde el punto de vista psicológico…

Aparece la diferenciación respecto a las figuras parentales: no se trata de un rechazo, sino  de una necesidad evolutiva de construir autonomía.

Por ello, pueden manifestarse conductas que se interpretan como oposición, desinterés o mal humor. Pero que, en muchas ocasiones, reflejan un mundo emocional intenso que no dispone de suficientes recursos para ser expresado de forma regulada.

A nivel emocional…

La adolescencia se caracteriza por una mayor labilidad afectiva. El sistema emocional madura antes que las áreas cerebrales implicadas en la autorregulación, lo que explica la intensidad de las reacciones, los cambios de estado de ánimo o la sensación de desbordamiento. Así, cuando un adolescente se encierra en su habitación, responde con monosílabos o parece enfadado “por todo”, no siempre es que no quiera comunicarse, sino que presenta dificultades para comprender y ordenar lo que siente.

Para las familias, esta etapa suele vivirse con incertidumbre. Acompañar a un adolescente que cambia, que se muestra más irritable o distante y que ya no responde a las mismas estrategias, puede generar preocupación y sensación de pérdida del vínculo. Es importante entender que muchas de estas conductas forman parte del desarrollo. El reto no está en eliminar el conflicto, sino en ofrecer límites claros que aporten seguridad, respetando su necesidad de explorar y diferenciarse.

Estar disponibles emocionalmente…

No significa controlar, ni poner límites implica dejar de comprender; validar su malestar supone reconocer que lo que siente es real.

En conclusión, la adolescencia constituye una etapa clave en la construcción de la identidad, caracterizada por un proceso de transformación en el que se reorganizan las emociones y las relaciones.

 

Ángela Prado.